Urdaibai besa la gloria

La ‘Bou Bizkaia’ brilla en la primera jornada y sentencia la bandera aventajando a Kaiku en treinta y tres segundos
Pedreña y Donostiarra les acompañarán en la tanda de honor gracias al fuerte viento
Fuente DEIA
DONOSTIA. Hundidos, sin apenas poder tomar aliento, los remeros de Urdaibai llegaron a la rampa donostiarra antes incluso de que acabase la segunda tanda. La mar bailaba a sus anchas haciendo tambalearse las embarcaciones a su antojo y en ese guateque alocado, Gorka Aranbarri fue quien mejor supo seguir el ritmo de las caprichosas olas. Mojados y sonrientes pisaron tierra. Eran conscientes de que habían dado un golpe de efecto importante y la felicidad en sus rostros era evidente. José Manuel Francisco, el entrenador de Urdaibai, también llegó a tierra y no tardó en convertir el sabor salado que danzaba en sus labios en el de un efusivo beso con su mujer, Sonia. Era el dulce sabor de la gloria.
La presente edición de La Concha ha sido breve. Ha quedado sentenciada con la disputa de una sola jornada. Las condiciones meteorológicas influyeron en el devenir de la prueba desde la primera palada hasta la última. El azar quiso que Kaiku y Urdaibai bogasen separados, alejados el uno del otro. La cara se la llevo el equipo bermeotarra por la calle cuatro, mientras que Kaiku, lidiando con el famoso rebote de las rocas del aquario, se vio acorralado en la calle uno.
El equipo sestaoarra fue fiel a su estilo. Nada más bajar el juez la bandera, la tripulación verdinegra arrancó como acostumbra, con un ritmo de paladas frenético, como si quisiese despegar y echar a volar. La txanpa fue buena y no tardaron en aparecer tres segundos de ventaja sobre Urdaibai. Pero fue solo un espejismo. A medida que los botes se acercaban a los límites de la bahía, Urdaibai recortaba distancias. La Bizkaitarra comenzó a vivir su particular infierno al acercarse al aquario. Las rocas escupían olas que no dejaban de castigar la proa del bote, frenándolo para desesperación de la tripulación de Sestao.
Urdaibai empezaba a acomodarse en la calle cuatro, encajando con más elegancia las olas que llegaban de mar abierto. Así todo, Gorka Aranbarri declararía al término de la prueba que no acertó en el primer largo. Quedase o no satisfecho con su trabajo en la primera mitad de la regata, lo cierto es que Urdaibai empezó a abrir brecha respecto a Kaiku. Para cuando la trainera patroneada por Asier Zurinaga estaba a diez segundos de desventaja, Pedreña penaba ya a veinte.
paseo en la vuelta El equipo sestaoarra dio la ciaboga trece suspiros más atrás de Urdaibai. Su embarcación negra, la que araña segundos en cada giro, poco pudo ayudarles ayer. Con la proa mirando a tierra, Urdaibai solo tenía que dejarse llevar por las olas. El patrón zarauztarra sabe desenvolverse a la perfección con las olas llegando desde su espalda, por lo que el largo de vuelta fue poco menos que ponerle motor a la Bou Bizkaia. Con todo el campo de regatas para él, se dejó llevar a la calle dos, por donde Zurinaga se desesperaba intentando gobernar su bote. El agua entraba en la trainera a su antojo, lo que sumado a los problemas que acostumbra a dar en los largos la nueva embarcación de Kaiku, hizo que los marcas tuviesen que ayudar al patrón a estabilizar el rumbo. Zurinaga llegaría a tierra derrumbado moralmente, autoinculpándose de la incapacidad para saber guiar la Bizkaitarra.
Mientras tanto, la Bou Bizkaia seguía exigiéndose como si de una contrarreloj se tratase. El trece de Bermeo sabía que podía dejar sentenciada la bandera y no dejó pasar la oportunidad. Entraron en la bahía con chispa, reventando la regata con un ritmo alegre. 41 paladas por minuto les subieron al cielo por el carril rápido.
Kaiku no pudo más que llegar a meta a 33 segundos del vencedor. Al cruzar la meta los hombres de José Luis Korta ya sabían que la bandera se había evaporado para ellos. Pedreña paró el cronómetro 54 segundos más tarde que Urdaibai y la anfitriona, Donostiarra, a un minuto y treinta segundos.
la segunda tanda, castigada La gran decepción de ayer en la bahía donostiarra fue verse privados de una segunda tanda que prometía muchos quilates. Pocas veces se ven tantos gallos afilando los espolones, esperando que llegue su oportunidad de dar un susto a los favoritos. Hondarribia, Tirán, San Juan y, sobre todo, Astillero tenían argumentos suficientes para darlo todo en la regata de ayer. Pero la naturaleza fue cruel con ellos. La mar se complicó y el viento aumentó de manera considerable. Antes de dar la primera palada, los cuatro equipos sabían que no tenían nada que rascar en aquella contienda.
El aire de cara complicó muchísimo el largo hacia la baliza exterior. Si en la primera manga el viento que tuvieron que afrontar Urdaibai y Kaiku era de 15,4 kilómetros por hora, el de la segunda aumentó hasta los 23,2 kilómetros por hora. La mar embraveció, hasta el punto de que el proel de Tirán estuvo a punto de perder el remo corto a pocos minutos de la salida.
Astillero no especuló y se exprimió desde el inicio, arañando pronto varios segundos a sus rivales. A pesar de mostrarse muy superiores al resto de cuadrillas de su tanda, los hombres de Jon Salsamendi no conseguían ni acercarse a los registros de la primera tanda. En la ciaboga los cántabros giraron 58 segundos más tarde que Donostiarra. El dato dejaba bien claro que tenía que darse un milagro en el largo de vuelta para que Astillero, al menos, se metiese en la tanda de honor del segundo domingo.
Pero lo que el viento quitó en el largo de ida, no lo devolvió en el de vuelta. Pocos habrían apostado en Portaletas por la clasificación de Donostiarra para la tanda de honor, pero los anfitriones podrán saborear la experiencia para la que se habían preparado a conciencia las cuatro tripulaciones de la segunda tanda. No podrá pelear por el título, pero tampoco lo podrán hacer Pedreña y Kaiku. La bandera y la gloria ya tienen dueño. Será un mero trámite.
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